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Tipos de ganadería y principales riesgos asociados

El ganado se explota en general en España de dos maneras muy diferentes: extensiva e intensiva. La explotación extensiva, que aprovecha los recursos naturales pastables, es muy importante en la cría del ganado ovino, caprino, porcino en montanera y bovino de carne (vacas madre), aunque está limitada por las condiciones climáticas de nuestro país.

La explotación intensiva, que nació por la creciente demanda de productos cárnicos, es fundamental en la cría y engorde del ganado porcino, conejos, aves y huevos, y en el engorde de ganado bovino y ovino. La producción de leche de vaca, de especial importancia en la cornisa Cantábrica, Navarra, Cataluña y Castilla León, se puede considerar en general el predominio de un sistema de explotación mixto, ya que utiliza pastos y otros recursos naturales pero con un bajo porcentaje de pastoreo, además de piensos y complementos de fuera de la explotación, en estabulación y con altas producciones.

Para hacernos una idea de la importancia del sector, según datos del MAPAMA, en 2016 había más de 6 millones de cabezas de ganado bovino y más de 29 millones de porcino, mientras el total de ganado ovino estaba muy próximo a los 16 millones. Había casi 140.000 explotaciones de ganado equino, aunque en gran medida son de uso particular o se encuentran sin clasificar. En el sector avícola se contabilizaban alrededor de 20.000 explotaciones entre gallos, pavos, pintadas, patos, ocas, codornices, palomas, faisanes, perdices y ratite, así como cerca de 4.000 explotaciones de conejos, y unas 22.000 de abejas.

Como cabe esperar, los riesgos derivados por una parte de la ganadería extensiva o intensiva, y por otra parte, de los diferentes tipos de ganado, pueden llegar a ser muy diferentes y muy difícil por tanto establecer generalidades que sirvan para todos los casos.

En las explotaciones ganaderas se pueden encontrar riesgos derivados de las propias instalaciones, especialmente en las pequeñas explotaciones. Un mantenimiento inadecuado puede hacer también peligrosas las instalaciones. Uno de los riesgos más frecuentes en el sector son las caídas, ya que es frecuente que los suelos sean resbaladizos debido a la suciedad que provocan los propios animales con sus deyecciones y a la consecuente limpieza que requieren con mayor frecuencia que en otras actividades.

La actividad ganadera está más mecanizada cada día. Esto trae la presencia de nuevos riesgos derivados de la propia maquinaria y de su mantenimiento, que habrá de tenerse en cuenta.

Pero sin duda, los riesgos diferenciales en ganadería son los derivados del manejo de los propios animales. Desde la alimentación, la limpieza de los animales y las instalaciones, el traslado de los animales, asistir al parto y atender a las crías, aplicar los tratamientos preventivos y cuidar de los animales enfermos. Además, cada tipo de cabaña, requiere unas actividades específicas como el ordeño (es especies de aprovechamiento lechero), el esquilado de ovejas, etc.

Muchas de las operaciones a realizar con animales requiere que se mantengan quietos, teniendo que ser sujetados, lo que puede dar lugar a movimientos y reacciones imprevistas de los animales que pueden dar lugar a golpes, aplastamientos, embestidas, mordeduras, etc.

Sin embargo, el riesgo más característico en ganadería son las zoonosis, que se definen como cualquier enfermedad o infección transmisible de manera natural entre los animales y las personas, directa o indirectamente. Los mecanismos de transmisión son muy variados, pero se pueden agrupar en alimentarias y no alimentarias. En ganadería nos interesan fundamentalmente las no alimentarias, donde el factor de riesgo es estar en presencia de los animales. 


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