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La ergonomía y la psicosociología aplicada son esenciales
En este contexto, los trastornos musculoesqueléticos (TME) derivados de la adopción de posturas forzadas y movimientos repetitivos presentan una elevada incidencia en el sector, siendo tres veces superior en las mujeres. Entre ellos destacan la epicondilitis, la epitrocleitis, las tendinitis de muñeca y mano y el síndrome del túnel carpiano. Estas lesiones suelen tener un origen multifactorial, en el que confluyen factores físicos y biomecánicos junto con aspectos organizativos, psicosociales e individuales.
En el ámbito psicosocial, destacan riesgos como la carga de trabajo y la presión por los tiempos de trabajo en las épocas de campaña, la repetitividad o monotonía de las tareas y el trabajo en solitario. La incertidumbre climática, la volatilidad de los mercados, el relevo generacional, el aislamiento social, la falta de desconexión y de tiempo libre, entre otros aspectos, afectan de forma especial a este sector. Asimismo, características como el género, la edad y el origen de la persona trabajadora pueden actuar como condicionantes en la exposición a los riesgos psicosociales.
Ante este escenario, integrar la ergonomía y la psicosociología en la gestión preventiva resulta fundamental para reducir los riesgos laborales y fomentar entornos de trabajo seguros y sostenibles.
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Listado con las normas técnicas disponibles para la submateria trastornos musculoesqueléticos.
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Resumen
Con la publicación de este cartel se pretende llamar la atención sobre la elevada siniestralidad del sector Agrario y sobre las formas más frecuentes de producirse los accidentes, proporcionando algunos datos significativos de interés preventivo.
Además, se muestra cómo la siniestralidad en el sector agrícola (datos de 2023 y acumulado de 2013-2023) sigue una tendencia al alza desde hace más de una década, al contrario que otros sectores.
Abstract
The publication of this poster is intended to draw attention to the high accident rate in the agricultural sector and to the most frequent forms of accidents, providing some significant data of preventive interest.
In addition, it shows how the accident rate in the agricultural sector (data from 2023 and accumulated from 2013-2023) has been on an upward trend for more than a decade, unlike other sectors.
Aquí respondemos a algunas de las dudas básicas sobre ergonomía y psicosociología en el Sector Agrario.
Según el último informe “Accidentes de trabajo por sobresfuerzos” del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST), las actividades de agricultura, ganadería y forestal concentran el 5,1 % de los accidentes causados por sobresfuerzos, lo que refleja la carga física del sector y su relación con los TME. Entre las acciones físicas más asociadas a este tipo de lesiones destacan coger, agarrar o sujetar objetos (26,2 %), andar, subir o bajar (20,4 %) y transportar cargas verticalmente (11,9 %), todas ellas habituales en las labores del campo.
Los sucesos desencadenantes más frecuentes —levantar o transportar cargas (28,5 %) y realizar movimientos no coordinados (21,4 %)— reflejan la propia dinámica del trabajo agrícola, que combina el manejo de cargas con desplazamientos en terrenos irregulares. Como consecuencia, las lesiones se localizan principalmente en la espalda (24,3 %), seguida de la pierna —incluida la rodilla— (15 %) y del hombro y sus articulaciones (10,5 %).
En el sector agrario, los trastornos musculoesqueléticos se originan por la interacción de múltiples factores físicos, organizativos, psicosociales e individuales inherentes al trabajo en el campo.
Entre los factores físicos destacan las elevadas demandas de fuerza necesarias para la manipulación de cargas y el uso de herramientas o maquinaria, los movimientos repetitivos característicos de tareas como la recolección, el entutorado o la poda, así como las posturas forzadas y estáticas que se adoptan en labores a ras de suelo o en trabajos que requieren mantener los brazos elevados. También resulta relevante la exposición a vibraciones procedentes del uso de equipos manuales o de la conducción de tractores y otras máquinas agrícolas.
A estos factores se suman las condiciones ambientales propias del trabajo al aire libre, como temperaturas extremas, humedad, exposición solar o viento, que aumentan la fatiga, reducen la destreza manual y pueden incrementar la fuerza necesaria para realizar determinadas tareas. Asimismo, la iluminación insuficiente y la exposición al ruido pueden favorecer posturas inadecuadas, errores de agarre y una mayor tensión muscular.
En el ámbito organizativo y psicosocial influyen los ritmos de trabajo elevados, la monotonía y repetitividad de ciertas tareas, el trabajo en solitario y el reducido apoyo social, especialmente en explotaciones pequeñas o geográficamente aisladas. Estos elementos pueden incrementar la carga física y mental, disminuir la recuperación y favorecer la aparición de molestias musculoesqueléticas.
Finalmente, los factores individuales como la edad, la condición física, la experiencia, la presencia de patologías previas o determinados hábitos de vida modulan la susceptibilidad a desarrollar TME. En el sector agrario, la mayor presencia de personas trabajadoras de edad avanzada, la temporalidad y la insuficiente formación ergonómica incrementan de forma significativa la vulnerabilidad frente a estos riesgos.
Su valoración resulta especialmente compleja debido a la diversidad de tareas que caracterizan el trabajo agrario y a su marcada estacionalidad. Esta variabilidad dificulta la aplicación de un único método capaz de analizar de forma integrada factores como la manipulación de las cargas, las posturas inadecuadas y los movimientos repetidos, entre otros.
Para orientar este proceso, puede emplearse el informe técnico ISO 23476, específico para el ámbito agrario, que facilita la selección y correcta aplicación de los estándares ergonómicos ISO 11228, ISO 11226 e ISO/TR 12295. Su metodología se estructura en tres niveles:
Asimismo, para asegurar una valoración representativa, la evaluación debe abordarse desde una perspectiva anual del trabajo agrario. Esto implica identificar el ciclo completo de actividades, analizar las tareas propias de cada periodo del año y agrupar al personal en funciones homogéneas, con el fin de obtener resultados más precisos y coherentes con la realidad del sector.
El sector agrario presenta una serie de características que pueden favorecer la aparición de riesgos psicosociales. La presión temporal durante las campañas, la atención constante al estado de las explotaciones y la falta de desconexión, la escasez de tiempo de descanso y vacaciones, las dificultades para separar la vida laboral y personal, y el trabajo en solitario son algunos de los factores que contribuyen a ello, incrementando la probabilidad de desarrollar estrés y otros problemas de salud mental, como ansiedad o depresión.
Asimismo, la población trabajadora del sector se ve afectada por factores externos que también inciden en su salud mental. Entre ellos destacan el cambio climático, la inestabilidad del mercado y las modificaciones frecuentes en normativas, políticas exteriores o aranceles, que generan incertidumbre económica y constituyen una fuente importante de estrés.
Los estudios indican que las mujeres declaran estar expuestas a un mayor número de factores psicosociales y presentan peor salud mental, con una mayor incidencia de ansiedad y depresión en comparación con los hombres del sector. Entre los grupos más vulnerables a los riesgos psicosociales se encuentran la población migrante y las personas trabajadoras por cuenta propia.
Por su parte, la población migrante puede verse afectada por peores condiciones de vivienda, dificultades de acceso a servicios básicos y un menor apoyo social, circunstancias que aumentan su vulnerabilidad frente a los riesgos psicosociales.
El informe publicado en 2024 por la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU-OSHA) sobre la salud mental de la población del sector agrario destaca la elevada incidencia de estrés, ansiedad, burnout y depresión. Además, señala que la tasa de suicidio en este colectivo es superior a la observada en la población general, tanto a nivel europeo como mundial.
Las medidas de prevención primaria deben orientarse a evitar que los factores de riesgo lleguen a materializarse. Se centran en reducir la carga de trabajo y mejorar el descanso, lo que puede lograrse mediante una mayor disponibilidad de recursos humanos y materiales, así como a través de la formación, la capacitación técnica y el asesoramiento a la población trabajadora del sector.
Las medidas de prevención secundaria buscan dotar a las personas trabajadoras de recursos que les permitan afrontar mejor los riesgos y minimizar su impacto. Su objetivo es fortalecer tanto los recursos personales, individuales o colectivos, como los organizativos. Entre estas medidas se incluyen los programas de gestión del estrés, la formación en estrategias de afrontamiento y la mejora de las redes de apoyo social.
Por último, las medidas de prevención terciaria, enfocadas en la recuperación o en la intervención urgente, deben proporcionar tratamiento médico y/o psicológico a quienes ya presentan síntomas derivados de la exposición a riesgos psicosociales. Asimismo, comprenden la reincorporación al trabajo en condiciones adecuadas tras una baja prolongada, garantizando un retorno seguro y adaptado a las necesidades de la persona afectada.
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