Trabajos repetitivos

Las tareas de trabajo con movimientos repetitivos son Imagen Trabajos repetitivos comunes en trabajos realizados en serie y con ciclos de trabajo definidos, como los propios de las cadenas de montaje o los de gran parte de las industrias de producción, pudiendo dar lugar a trastornos musculoesqueléticos (TME). Son una de las principales causas de enfermedad y lesiones de origen laboral.

Además, hay tareas, como las de mantenimiento o las realizadas en talleres de reparación, en las que, aunque no se desarrollan en ciclos de trabajo, se debe valorar si se dan movimientos repetidos, ya que se realizan gestos repetitivos o utilización repetida de grupos musculares específicos, factor importante de riesgo de TME.

 

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Información básica

Aquí respondemos a algunas de las dudas básicas de trabajos repetitivos.

Se entiende por movimientos repetitivos un conjunto de movimientos continuos y mantenidos que se realizan durante una tarea laboral e implican al mismo grupo osteomuscular, generando fatiga muscular, sobrecarga, dolor y, finalmente, trastornos musculoesqueléticos (TME).

El trabajo repetitivo de las extremidades superiores se caracteriza por la ejecución continuada de ciclos de trabajo similares, en los que cada ciclo se asemeja al siguiente en cuanto a la secuencia temporal, el patrón de fuerzas aplicadas y las características específicas del movimiento.

Los movimientos repetitivos constituyen un factor de riesgo ergonómico cuando se realizan con elevada frecuencia o durante periodos prolongados, sin permitir una recuperación adecuada de los tejidos del sistema musculoesquelético. Entre los principales factores de riesgo se incluyen:

  • Repetitividad de las tareas o acciones, especialmente cuando se ejecutan los mismos gestos de manera continua.
  • Duración elevada del ciclo o secuencia de movimientos, que incrementa la exposición sin dar tiempo suficiente a la recuperación.
  • Duración prolongada del tiempo total dedicado a la tarea repetitiva dentro de la jornada laboral.
  • Escasez o inadecuada distribución de los periodos de recuperación, tanto en número como en duración.
  • Adopción de posturas mantenidas o forzadas durante la ejecución de la tarea.
  • Aplicación de fuerza en los movimientos, sobre todo cuando se combina con alta repetitividad o posturas desfavorables.
  • Factores adicionales, como la exposición a temperaturas frías, vibraciones u otras condiciones ambientales adversas (iluminación, humedad, corrientes de aire, etc.).

Se distinguen tres etapas en la evolución de los TME:

  1. Primera etapa: aparecen dolor y fatiga, pero únicamente durante la jornada laboral. Los síntomas remiten con el descanso y los periodos de recuperación. En esta fase, una intervención ergonómica resulta especialmente eficaz. Por ello, es fundamental proporcionar a la persona trabajadora una formación inicial que le permita identificar precozmente la situación, así como dotarla de herramientas para actuar adecuadamente.
  2. Segunda etapa: los síntomas se manifiestan tanto durante la actividad laboral como fuera de ella, y ya no desaparecen con el descanso. La capacidad funcional disminuye, lo que afecta negativamente al rendimiento. Aunque la situación se agrava, una intervención ergonómica sigue siendo efectiva para prevenir un mayor deterioro.
  3. Tercera etapa: el daño se vuelve crónico, persisten los síntomas y se dificulta la realización de tareas habituales. En este punto, las medidas ergonómicas solo pueden contribuir a aliviar parcialmente el dolor, pero no a revertir el daño.

Las medidas preventivas deben orientarse a reducir la exposición a los principales factores de riesgo asociados a los movimientos repetitivos. Para ello, se recomienda:

  • Disminuir la repetitividad de las acciones, introduciendo variación en las tareas o alternancia entre diferentes actividades dentro del mismo ciclo de trabajo.
  • Aumentar la duración y diversidad de los ciclos de trabajo, incorporando acciones más variadas que permitan utilizar distintos grupos musculares.
  • Reducir el tiempo total de exposición a tareas repetitivas a lo largo de la jornada.
  • Incluir tiempos de recuperación adecuados, mediante pausas y descansos suficientes, tanto en número como en su distribución temporal.
  • Evitar posturas mantenidas o forzadas, así como la aplicación excesiva de fuerza durante la tarea.
  • Adaptar las condiciones ambientales del entorno laboral (temperatura, ventilación, iluminación, etc.) y minimizar el uso de objetos o herramientas vibrátiles, siempre que sea posible.

En el marco normativo vigente, Real Decreto 1299/2006, de 10 de noviembre, por el que se aprueba el cuadro de enfermedades profesionales en el sistema de la Seguridad Social y se establecen criterios para su notificación y registro, incluye en su Grupo 2 aquellas enfermedades profesionales causadas por agentes físicos. Respecto a vibraciones mecánicas, se establece que se pueden desarrollar enfermedades osteoarticulares o angioneuróticas provocadas por la exposición a estas. En este contexto, se menciona la posibilidad de desarrollar afectaciones vasculares y osteoarticulares con el uso de remachadoras, taladros u otras herramientas y formas de trabajo donde se expone a la persona a vibraciones.

La vigilancia de la salud adquiere una relevancia especial en el ámbito de la ergonomía, ya que constituye el punto clave para la detección precoz de posibles alteraciones derivadas de la exposición a posturas forzadas y movimientos repetitivos.

Para abordar adecuadamente este tipo de riesgos, se dispone de un Protocolo de vigilancia médica específica para movimientos repetidos, del Ministerio de Sanidad, incluido dentro de los Protocolos de vigilancia sanitaria específica de las personas trabajadoras.

Este protocolo proporciona pautas para la detección, seguimiento y registro de síntomas relacionados con la exposición a este tipo de factores ergonómicos.

Para más información sobre cómo gestionar adecuadamente la vigilancia de la salud, puede consultarse el apartado específico disponible en la página web del INSST.