Posturas de trabajo

En Ergonomía, se entiende por “postura de trabajo” Imagen Posturas de trabajo la posición relativa de los segmentos corporales y no, meramente, si se trabaja de pie o sentado. Las posturas de trabajo son uno de los factores asociados a los trastornos musculoesqueléticos (TME), cuya aparición depende de varios aspectos: en primer lugar, de lo forzada que sea la postura, pero también, del tiempo que se mantenga de modo continuado, de la frecuencia con que ello se haga, o de la duración de la exposición a posturas similares a lo largo de la jornada.

 

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Información básica

Aquí respondemos a algunas de las dudas básicas de posturas de trabajo.

Durante su jornada laboral, las personas pueden adoptar diversas posturas de trabajo que, en función de sus características, pueden constituir un factor de riesgo para el desarrollo de trastornos musculoesqueléticos (TME). Tanto las posturas mantenidas durante periodos prolongados (posturas estáticas) como aquellas que implican desviaciones significativas respecto a la postura neutra (posturas forzadas), se consideran situaciones de riesgo que deben analizarse con detenimiento, dada la probabilidad de que contribuyan a la aparición de TME.

La postura adoptada durante la actividad laboral constituye el principal factor de riesgo a considerar. No obstante, su análisis debe complementarse con otros elementos que influyen de forma significativa en la aparición de TME, tales como:

  • La duración de la postura: tiempo durante el cual se mantiene sin cambios.
  • La repetitividad: frecuencia con la que se adopta la misma postura.
  • La existencia y calidad de los periodos de recuperación, tanto su número como su distribución a lo largo de la jornada. La ausencia de descansos adecuados representa uno de los factores de riesgo más relevantes.
  • La aplicación de fuerza durante la tarea, especialmente si se combina con una postura desfavorable.
  • Factores adicionales, como la carga mental, la exposición a vibraciones o las condiciones ambientales (temperatura, iluminación, humedad, etc.).
  • Características individuales, tales como la falta de formación específica, hábitos de vida poco saludables, la edad, o la existencia de lesiones previas.

Dado que la postura es el componente central del riesgo, su evaluación debe realizarse de forma segmentada, considerando de manera independiente la posición del tronco, la cabeza, las extremidades superiores (hombro, codo y muñeca) y las extremidades inferiores. Cada región corporal puede verse afectada de forma distinta en función del tipo de postura adoptada.

Para más información, puede consultarse el documento técnico Posturas de trabajo: evaluación del riesgo, disponible en la página web del INSST.

Se distinguen tres etapas en la evolución de los TME:

  1. Primera etapa: aparecen dolor y fatiga, pero únicamente durante la jornada laboral. Los síntomas remiten con el descanso y los periodos de recuperación. En esta fase, una intervención ergonómica resulta especialmente eficaz. Por ello, es fundamental proporcionar a la persona trabajadora una formación inicial que le permita identificar precozmente la situación, así como dotarla de herramientas para actuar adecuadamente.
  2. Segunda etapa: los síntomas se manifiestan tanto durante la actividad laboral como fuera de ella, y ya no desaparecen con el descanso. La capacidad funcional disminuye, lo que afecta negativamente al rendimiento. Aunque la situación se agrava, una intervención ergonómica sigue siendo efectiva para prevenir un mayor deterioro.
  3. Tercera etapa: el daño se vuelve crónico, persisten los síntomas y se dificulta la realización de tareas habituales. En este punto, las medidas ergonómicas solo pueden contribuir a aliviar parcialmente el dolor, pero no a revertir el daño.

Las recomendaciones generales se orientan hacia la mejora de las condiciones de trabajo mediante las siguientes medidas:

  • Diseñar tareas y operaciones que ofrezcan suficiente variabilidad física y mental. Esto implica que cada puesto de trabajo integre una adecuada combinación de actividades: tareas organizadas de manera equilibrada, ciclos de duración diversa (largos, medios y cortos) y una mezcla razonable entre tareas sencillas y complejas. Además, es importante garantizar cierto grado de autonomía, así como oportunidades de comunicación, acceso a la información y posibilidades de aprendizaje.
  • Fomentar la alternancia postural, permitiendo, siempre que sea posible, la combinación entre trabajo en posición sentada, de pie y en movimiento (caminando).
  • Evitar posturas forzadas, especialmente aquellas que impliquen permanecer de rodillas, en cuclillas o con ángulos articulares extremos, especialmente si se producen durante periodos prolongados.

En el marco normativo vigente, el Real Decreto 1299/2006, de 10 de noviembre, por el que se aprueba el cuadro de enfermedades profesionales en el sistema de la Seguridad Social y se establecen criterios para su notificación y registro, incluye en su Grupo 2 algunas enfermedades profesionales de origen musculoesquelético. En concreto, se contemplan, entre otras, las siguientes patologías asociadas a posturas forzadas y movimientos repetitivos en el trabajo:

  • Enfermedades de las bolsas serosas debidas a la presión, como por ejemplo bursitis en diferentes regiones anatómicas.
  • Enfermedades por fatiga e inflamación de las vainas tendinosas, de tejidos peritendinosos e inserciones musculares y tendinosas. Ejemplo de estas pueden ser la patología tendinosa crónica del manguito de los rotadores, la epicondilitis o epitrocleitis en el codo, la tendinitis del abductor largo y extensor corto del lumbar (Tendinitis de De Quervain) o la tenosinovitis estenosante digital (dedo en resorte).

Para más información, puede consultarse el documento técnico Posturas de trabajo: evaluación del riesgo, disponible en la página web del INSST.

La vigilancia de la salud adquiere una relevancia especial en el ámbito de la ergonomía, ya que constituye el punto clave para la detección precoz de posibles alteraciones derivadas de la exposición a posturas forzadas y movimientos repetitivos.

Para abordar adecuadamente este tipo de riesgos, se dispone de un Protocolo de vigilancia médica específica para posturas forzadas, del Ministerio de Sanidad, incluido dentro de los Protocolos de vigilancia sanitaria específica de las personas trabajadoras.

Este protocolo proporciona pautas para la detección, seguimiento y registro de síntomas relacionados con la exposición a este tipo de factores ergonómicos.

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Enlaces de interés

Recursos en internet relacionados con las posturas de trabajo.