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Mirando al futuro

El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) ha ocupado un espacio importante en la historia de la seguridad y salud en el trabajo en España. Como en cualquier organización o familia, cinco décadas es tiempo suficiente tanto para escribir páginas brillantes, como para aprender de errores que no se deben repetir. Reflexionando sobre lo bien y lo mal hecho, lo importante ahora es preguntarse acerca del futuro que, en ocasiones, se ha puesto en duda y sobre el que, en los últimos años, se ha debatido mucho.

Muchos son los momentos que podríamos destacar en estos 50 años, pero, tal vez, debamos detenernos en la aprobación de la Ley 31/1995, de 8 de noviembre, de Prevención de Riesgos Laborales, que reserva el artículo 8 al entonces Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo. La norma, con cierto retraso, transpone la Directiva Marco, define funciones de las Administraciones Públicas, crea la Comisión Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo y se adapta al proceso de transferencias a las CC AA, aún inacabado en aquel momento, entre otros aspectos que han resultado esenciales para progresar hacia el objetivo de garantizar el derecho a la protección de la salud de las personas trabajadoras.

Hay dos términos, referidos al INSST y a la política preventiva, que se repiten varias veces en el capítulo II de la mencionada Ley: colaboración y coordinación. Estos términos se identifican muy bien con la función que el Instituto ha venido realizando durante los últimos 25 años, y que se ha materializado en diferentes formas de expresión. En este sentido, es necesario que su relación constante con las CC AA continúe creciendo, se ponga en valor y se consolide a través de órganos mejor regulados que definan ese régimen de colaboración tan necesario para mejorar las condiciones de seguridad y salud de la población trabajadora. Así mismo, quedan aspectos por mejorar de la coordinación transversal dentro de la Administración General del Estado, como otro reto para los años venideros. La gestión de la pandemia nos ha mostrado la importancia de los órganos de coordinación, de las alianzas y del ejercicio de la corresponsabilidad.

Ha sido sobresaliente el papel desempeñado por la Comisión Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, destacando, entre otros aspectos, la negociación de los marcos estratégicos de seguridad y salud, recordando que es el INSST, a través de la Dirección, quien ejerce su Secretaría, sirviendo de canalizador de las propuestas y ejerciendo una función de diálogo permanente con todas las partes, que no está suficientemente reconocida y que supone el empleo de muchos de los recursos de los que dispone el Instituto.

Por otra parte, resulta indispensable el conocimiento generado a través de la función internacional de este organismo en el ámbito de la Unión Europea y, cómo no, su continuado y firme compromiso con los países del Continente Americano.

Si el papel de coordinación y colaboración institucional del INSST ha sido y debe seguir siendo fundamental para nuestras políticas nacionales, el otro pilar que justifica nuestro querido Instituto es el de la promoción de la prevención a través de la investigación y la asistencia técnica, que consideramos fundamental para todos los actores de la prevención, ya sean administraciones públicas con competencias, empresas, personas trabajadoras y profesionales de la prevención en general, entre otros. Tenemos un ejemplo muy reciente con las aportaciones del INSST durante la gestión de la pandemia de la COVID-19. Abandonar esta función sería un golpe tremendo al sistema nacional de seguridad y salud en el trabajo, que quedaría muy resentido y debilitado. Debemos, pues, apostar firmemente por esta labor científico-técnica y especializada, tal y como se define en la Ley.

Creemos que nadie puede dudar de la necesidad de reforzar el citado sistema nacional de seguridad y salud en el trabajo, una de cuyas partes, esencial como hemos visto, es el INSST. Mucho se ha avanzado, pero las actuales cifras de accidentes de trabajo y de enfermedades profesionales y relacionadas con el trabajo continúan siendo no solo preocupantes, sino también inaceptables. Es obligado profundizar e implantar políticas decididas, profundas y contundentes para mejorar las condiciones de trabajo, apostando decididamente por hacer realidad los objetivos de desarrollo sostenible de la Agenda 2030. No hay trabajo digno sin seguridad y salud y es obligación de los poderes públicos realizar una apuesta firme en este sentido. Y, en esta tarea, consideramos que el INSST tiene mucho que decir y aportar y que, por lo tanto, tiene mucho futuro por delante. Es nuestro deseo que el Instituto se acerque más a la sociedad, se aleje de quienes solo ven en el mismo una oportunidad de negocio y sea capaz de hacer más visible lo mucho y bueno que hace. Por lo tanto, será indispensable reinventar y reforzar el INSST.

Las últimas palabras tienen que ser de agradecimiento. Gracias a todas aquellas personas que han trabajado en y por el Instituto en estos 50 años. Gracias a todos y todas, sin distinción y cualquiera que haya sido la posición que hayan ocupado en esta casa común de la prevención de riesgos, con especial sentimiento para aquellos y aquellas que ya no nos pueden acompañar. Gracias a los que seguís trabajando, día a día, haciendo del INSST esa organización comprometida con la mejora de las condiciones de seguridad y salud de las personas trabajadoras.